Llevo oyendo Radio Clásica más de cuarenta años. Crecí con sus voces serias y llenas de hondura, con sus programas exclusivos, con la música que solo podías oír aquí… Descubrí a Prokofiev y Shostakovich, a Carl Nielsen y a Mahler, pero también arribé al continente del jazz y del flamenco. Los José Luis Pérez de Arteaga, los José María Velázquez-Gaztelu y los «Cifu» (Juan Claudio Cifuentes) formaron mi gusto musical. ¡Qué sabiduría detrás de un micrófono! ¡Qué sensación de asistir a un rito al encender el dial! Mi favorito era Arteaga y su Mundo de la fonografía… Aquello, simplemente, era un viaje. Pero todos eran muy grandes. Tenías la sensación de asistir a un gran proyecto de difusión musical, lleno de solidez y profesionalidad. Y, así, la nota característica a todas aquellas voces era la de servir a ese gran proyecto… Todos eran servidores de la música…
De un tiempo a esta parte la cosa ha cambiado. Por un lado, el tiempo o la muerte prematura ha segado a algunos tótems de las ondas. Y, otros, son simplemente irremplazables… Por otro, ese buen hacer al servicio de los melómanos o de los buenos aficionados y, en definitiva, al arte de Euterpe parece haberse evaporado… En algunos espacios prima el locutor no lo que locuta. Lo importante, es el señor colocado detrás del micrófono, no la música. Y así tenemos el inefable espacio de Martín Llade, Sinfonía de la Mañana. De primeras nos sirve su teleteatro basado en anécdotas musicales. Confieso que al principio las escuchaba, pero a la décima ración empezó a empacharme: cursilería, pedantería e historietas en la antípoda de lo interesante terminaron por generarme indigestión. Y, como únicamente lee el solo y se cree el Al Pacino de las ondas, acabó por ser monótono y lo siguiente. Pero eso no es lo peor. La música, el verdadero y único protagonista de esta cadena, cede su espacio a una tertulia del señor Llade y sus invitados, a imitación de las otras cadenas generalistas… Y un día te encuentras que entrevista a Josema Yuste, de Marte y Trece, y otro te radia a su hija de escasa edad tañendo sus primeras notas en la guitarra: «Orgullo de padre», dice. El señor Llade se ha vuelto el sátrapa de esta franja horaria y pone lo que le da la gana. ¡Faltaría! Por eso, este fiel a Radio Clásica sabe que debe escuchar la tertulia política en cualquier otra cadena o apagar el artilugio…
Junto a este pachá de las ondas, tenemos otros aprendices que desplazan el centro de interés de la música hacia sus personas y hacia contenidos extramusicales. Así tenemos Longitud de Onda… Y, bueno, me parece bien que me informen sobre las armas químicas o el significado de los arañazos del Oso Grizzli en las cortezas de los árboles… ¿Pero qué tienen que ver esos temas con la cadena? Es que es ciencia… Sí y mañana me hablaréis de gastronomía. O de higiene y belleza. La cosa va, parece, de justificar el puestecillo y la mensualidad con un programa donde se le escucha más al locutor que a la música… Tampoco ya lo escucho…
El domingo por la mañana hago un nuevo intento. Escucho una música barroca que me hace alargar la ducha. Finita, el señor del otro lado me habla sobre la Estación Espacial Internacional. Después, sobre el tamaño increíblemente pequeño de los virus. ¡Parece que los acaba de descubrir esa misma mañana en la Wikipedia! ¿«De verdad es Radio Clásica? ¿O es Radio Pepe, con todo mi respeto…?
Pues así estamos. Existe una ofensivo desde hace años donde los buenos profesionales son sustituidos por dudosas estrellitas empachadas de sí mismas, con afanosos radiofonistas que cada vez hablan menos de música y por voces de becarios, sí, ¡voces de becarios! porque enciendes aquella otrora gran cadena y escuchas a un muchacho o una muchachita que, con voz trémula y monocorde, lee voluntarioso su mecanuscrito.
¿Podrán resistir los Marciano Pizarro y sus 78 RPM, el soberbio Luis Martín y su Solo Jazz, la Música y Pensamiento, de la omnipresente y gigantesca Mercedes Menchero, el Ars Canendi, del sabio Arturo Reverter…? ¿Y los Sergio Pagán? ¿Y los Daniel Quirós? … Todos ellos servidores de la música y del buen hacer, no de sí mismos… Porque cuando visualizamos al bípedo que se halla detrás del micrófono, malo. Porque, o bien tiene poco que aportar, o bien tiene «tanto» que se lo sustrae todo a la música.
Y quizás, lo que le sucede a Radio Clásica sea una metáfora fácilmente extrapolable. El buen trabajo se sustituye por el «becarismo», el chiringuito y las estrellitas de todo pelaje y condición. El único fin es uno mismo, llámese vanidad o narcisismo, ingreso seguro o, simplemente, como en el caso de los becarios, supervivencia.
«Beca», «chiringuito», «estrella»… Entre estos tres ejes podemos representar un montón de cosas…
Acertadisimo comentarlo. Afortunadamente, son muchos los que siguen manifestándose on-line contra esta nueva RC, con la que debemos lidiar desde 2014. Lo último: en la sección de podcasts sólo quedan los de los programas que están siendo emitidos actualmente. Es decir, el legado de Arteaga, Cifu, Viana( Los Raros) , Banus, Pérez Trascasas , etc, etc…. ya no está a nuestra disposición. El espíritu destructivo que en su día arrasase la enseñanza ha terminado haciéndolo con ese recurso cultural de calor incalculable que fuese RC
Gracias por tu comentario. Agradezco no ser el único que sufre con esta radio otrora oasis de profesionalidad, elevado placer y verdadera cultura. La comparación con el largo óbito de nuestra enseñanza me parece acertadísimo. Lástima no hacer más ruido… porque es una silenciosa desgracia. Enhorabuena por su página, llena de cultura y gusto. Espero pueda vivir de sus literatura o, al menos, que la colme de satisfacciones. Un cordial saludo.