
MARÍA: Quiero ir a la manifa, madre…
MADRE: Pues ve…
MARÍA: Es mi deber…
MADRE: Por supuesto…
MARÍA: Debemos luchar por lo nuestro…
MADRE: ¿Por lo nuestro?
MARÍA: Sí, madre, por lo nuestro…
MADRE: Yo solo te digo una cosa…
MARÍA: Ya sé lo que me vas a decir…. Que hay que quedarse en casa. Pero hay que luchar…
MADRE: ¿Luchar?
MARÍA: Sí, madre, luchar…
MADRE: Cuando acabes «tu lucha», seguiremos pagando lo mismo por la leche y los huevos, lo mismo por el gas y la luz, los mismos seguirán mandando, los mismos que dicen que luches, los mismos que no tienen apreturas a fin de mes… ¿A fin de mes? ¡Qué bueno sería eso! ¡A principios, a mediados, todo el putísimo mes!
MARÍA: Madre, no frivolices. Lo que piden es de justicia…
MADRE: ¿Es que no lo entiendes? Tú no luchas por lo nuestro, luchas por lo suyo… Las huelgas se convocan desde abajo, no desde arriba… Si no, son un desfile…
MARÍA: Madre eres una carca…
MADRE: Y tu su soldadito de plomo… ¡De plomo en la mollera!
Madre e hija se separan. María con su camiseta reivindicativa y el firme propósito de luchar contra las fuerzas inmovilistas. La madre con su carrito de la compra y el miedo en el cuerpo ante una nueva subida del pollo y de los huevos.