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Ciudadano Gálvez

¡YO NO VEO EL MUNDIAL!

Balón de fútbol sucio Stock de Foto gratis - Public Domain ...

Nos llegan las noticias. Cuando llegan y como llegan: miles de trabajadores muertos durante la construcción a contrarreloj de los estadios, régimen donde te condenan a diez años por ser homosexual, sometimiento tiránico de la mujer, persecución de la prensa y de la libertad de expresión…

Y, bueno, la FIFA marcó un gol a todos los aficionados del balón. Total, ¡qué más da! Mas la cosa no acaba aquí: su máximo representante nos acusa de «impostores», de «fariseos», de «hipócritas»…

«Esta lección moral, unilateral, es solo hipocresía»

               Y siguió dándole a la lengua el chamán del esférico universal:

               «Por lo que los europeos hicimos por el mundo en los últimos 3.000 años, deberíamos estar pidiendo perdón otros 3.000 años antes de empezar a dar lecciones morales a la gente».

               ¡Y qué razón! Hace tres mil años no existía Europa, Grecia estaba en pañales, Rómulo y Remo no veían ni de lejos todavía a su loba… La culpa es del vaso campaniforme y de los tartesios. ¡Pidamos pues perdón!

Y allí, desde su púlpito esférico, nos habló el insigne calvo balompédico. Defendió a los de allende el golfo Pérsico y sonrojó a los malvados europeos: «Disfrutar del fútbol, pero sin criticar… ¡Ay, de quién critique!», dicen que apostilló el pope italosuizo en su homilía. Porque la FIFA es la nueva iglesia apostólico-romana del fútbol. ¡Excomulgados sean los impíos! Pero como nadie quiere perderse los partidos pues ahí que aguantamos el pío rapapolvo.

De nada sirve que el piadoso pelón este untado de petrodólares hasta en las ingles. Que apoyara una candidatura imposible. Que favorezca dolosamente los intereses de su patrono. Que baile el minué y el foxtrot con el emir. Hipnotizado por las riquezas de oriente, el tartufo de esférico ha optado por acusarnos a todos de hipócritas.

El espectáculo es lamentable, mas el insulto aún es mayor. Prohíben a los capitanes de las selecciones llevar el distintivo de apoyo a los homosexuales bajo multas de esto y de lo otro. ¿Qué podemos esperar de unos muchachos que ganan millones por acertar a introducir una pelotita entre tres palos? Son las federaciones y gobiernos los que se deben pronunciar, pero poderoso caballero…

La historia es la de siempre. El poderoso que estercola en todo y en todos, sus capataces que nos dan con el flagelo si nos atrevemos a decir «mu». Pero llegó el momento. Hay una forma de dignificarse. De apoyar de verdad a las homosexuales y lesbianas de estos países, a sus mujeres oprimidas, a los trabajadores explotados en régimen de semiesclavitud… Hablo a todos los aficionados al fútbol. A mí también me gusta, lo confieso. Me gusta la trigonometría del campo de juego, la ruptura de líneas, el socorrido soma de la pelotita, el simbolismo oculto del balón… Pero es el momento de contestar a esta lacerante y vil hipocresía, de decir no a los poderosos:

¡¡¡YO NO VEO EL MUNDIAL!!!

Ni un partido. ¡Nada! Que no nos manipulen, que no cuenten con nosotros para su flagrante corrupción. No colaboren con los que premian con un mundial a los que encarcelan al disidente, al diferente, al que no cumple su ortodoxia sexual. Si no lo hacemos, colaboramos con todos ellos: con el poderoso que se cree con derecho a todo y con su secuaz. Que no nos manejen como guiñoles a su antojo. Solo hay que cambiar de canal. Mandemos un mensaje a la FIFA, a sus patrocinadores, a toda la industria del fútbol, a los que vejan la dignidad del ser humano. No seamos eunucos del sultán de turno. Contestemos al guardián del serrallo. Comenten, transmitan, difundan el mensaje:

              ¡¡¡YO NO VEO EL MUNDIAL!!!

En ese pequeño gesto habita ahora mismo toda nuestra dignidad.

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