Nos «pitbullizan » y nos «pitbullizamos». Eso es el negocio de los gerentes de los escaños. Desde que murió el generalísimo monórquido seguimos en las mismas. Tú eres de un lado, yo soy del de enfrente. Tu eres merengue, yo colchonero. Y punto. ¡A muerte con nuestro equipo!
El pitbull es un perro que si se le educa de forma corriente te lame la mano y te recoge la pelotita. Si le enseñas en la violencia, ahí que está abonado a aparecer en la página de sucesos. A nosotros, al pueblito carpetovetónico nos amaestran en el ensañamiento con el pitbull contrario. Apelan a nuestro primer cerebro, a ese encéfalo que solo puede distinguir entre bueno y malo, entre caca y alimento, entre in y out… Ese es el único activo político de los acrónimos a los que votamos cada cuatrienio para justificar su soberbia, sus sueldos y sus sinecuras.