

No hace tampoco demasiado, los esclavos de la Antigüedad dieron paso a los siervos de la Edad Media. Sí, ya no estaban sometidos a la manutención y al palo del amo, ya no eran perseguidos si escapaban para terminar sus días en una cruz o en un ergástulo. El cristianismo les trajo la libertad: todos somos hijos de Dios… Y esclavos del Altísimo…
Pero las cosas nunca son cómo parecen. Por lo menos, no como nos las cuentan. La primera idea es que, con el paso de las épocas, se va prosperando. Y esto hay que matizarlo, no porque en parte no sea verdad (hemos liberado horas de trabajo y gozamos de más kilojulios por habitante), sino porque creemos que hemos llegado a un punto del que estamos, en realidad, muy distantes.